JUEVES 1 DE AGOSTO

La primera jornada empezó algo tarde en lo que a conciertos concierne.  Entramos al recinto sobre las siete de la tarde, después de instalarnos y recuperarnos del viaje. La primera parada fue en el escenario Jäger, donde unos rompedores ESCUELA DE ODIO tocaron en representación del hardcore punk de marca asturiana; simple, agresivo y conciso, repasando su mensaje revolucionario habitual durante su media hora de concierto con temas como «Los rechazados del sistema», «La canción de la lucha», o «Asturies Arde».

Justo al acabar en concierto, partimos todos hacia el escenario Monster, donde se pudo seguir disfrutando de un punk de calidad, Street punk, si se quiere ser riguroso, con THE CASUALTIES, quienes mostraron su respeto por el producto nacional coreando «Antes de las guerras» de Eskorbuto. Antes de empezar a saborear los platos fuertes de la noche, volvimos al segundo escenario para ver a los portugueses DEVIL IN ME, que arrollaron por segundo año consecutivo con un hardcore aplastante que conectó perfectamente con el público, mentalizado ya de lo que venía después.

Y de esta manera, después de tanto punk, llegó el momento de cambiar un poquito de palo y toparnos con algo un poco más metalero. Los encargados de realizar esta tarea fueron TRIVIUM, que salieron al escenario entre aplausos a la hora prevista (21:25), lo cual se cumplió a rajatabla durante todo el festival, reduciendo muy eficientemente el solapamiento de las bandas. A pesar de la puntualidad británica de la banda, tengo que decir que no sé si fue porque Matt y compañía transmitieron demasiado de su metalcore en su inicio, o porque el público estaba deseoso de descargar fuerza con sus canciones; pero, después de «Throes of Perdition» y «Becoming the Dragon», se vieron obligados a cortar «Down from the Sky» por algún problema con las vallas que sujetan la rabia de los fans antes del foso.

Lamentablemente, el problema tardó media hora en solucionarse, lo que les obligó a acelerar su actuación por el bien del festival, siguiendo con «Brave this storm», canción que se incluirá en su próximo disco. El concierto siguió con la misma rapidez y energía con la que Paolo Gregoletto se movía de un lado para otro. Mientras, Corey hacía su trabajo a la perfección, aunque quizá en algún solo se vio arrollado por el potente ritmo del resto de músicos, quedando un poco bajo de volumen, cosa lógica viendo los palazos que Nick Augusto propinaba a su kit. De esta manera, después de esconderse tras «A Gunshot to the Head of Trepidation», volvieron a salir para acabar un espléndido recital de once temas con «In Waves» y «Pull Harder on the Strings of your Martyr». Se puede decir que ofrecieron un concierto mucho más que correcto, abriendo así la veda de circle pits y pogos oficialmente, dejando al público caldeado para lo que en unas horas pasaría por el mismo escenario.

Pasada la media noche, y después de que los neoyorkinos MADBALL mantuvieran en el escenario Jäger los ánimos bien altos y las ganas de regocijarnos con una noche que podría ser difícil de superar, nos congregamos todos delante del escenario principal a la espera de ver a unos LAMB OF GOD muy prometedores, a los que parece que les sienta muy bien ser cabezas de cartel (del día en este caso) en nuestro país, cosa que tardaron bastante en hacer. A decir verdad, parece que en sus últimas visitas a España, nos están devolviendo con intereses el haber tardado tanto en venir, y en esta ocasión no iba a ser menos.

A las 00:10 irrumpieron en el escenario, sin ningún tipo de aviso, con una euforia y una fuerza fuera de lo normal, siendo «Desolation» la canción elegida para sorprender con uno de los inicios más espectaculares de todo el festival. Lo mejor de ese inicio fue, sin duda, que no bajaron el listón en ningún momento del concierto, demostrando la categoría que tiene la banda y reivindicando el lugar que les corresponde. Con la siguiente, «Ghost Walking», siguieron sumando primeros puestos con un sonido de batería que no se volvió a escuchar en ningún otro concierto. Los que allí estuvimos pudimos ser testigos de una masterclass del señor Chris Adler, de cómo destrozar cabezas y cuerpos con dos bombos, quien además nos deleitó con un sonido increíblemente definido y machacón (como el resto del grupo), y nos tiroteó incesablemente con su atrevida caja del calibre 12″ que nadie más sabe hacerla sonar como él. Todo esto enmarcado dentro de un tempo altísimo que supo respetar con la precisión de un reloj suizo.

Después vino «Walk me in Hell», donde le tocó a Mark Morton lucir su talento a las seis cuerdas con un solo sencillamente sublime, con un sonido limpio y puro que nos dejó extasiados a todos.  El concierto no dejaba de ir a más, conducido de forma inmejorable por Randy, para el que no existen palabras que lo definan suficientemente bien; es un cantante de primera, con un registro amplísimo y capaz de escupir unos guturales desgarradores sin dejar de moverse por todo el escenario como un poseso, y sobre todo no podemos olvidarnos de la facilidad que tiene para meterse al público en el bolsillo desde su primera palabra consiguiendo hacer cantar a todo el mundo y no dando oportunidad a nadie a estar parado.

Continuamos así con un set list perfectamente elegido que triunfó sin que dejara de corearse ninguna canción, las siguientes fueron «Set to Fail», «Ruin», «Now you got something to die for», «»11h Hour» y «The Undertow», donde pudimos apreciar la perfecta sincronía y compenetración de toda la banda en unos cortes impecables antes de llegar a «Omerta» y «Contractor». En este momento se tomaron el único «descanso» mientras suena «The Passing» tras caer el telón con el nombre de la banda para dar paso a una imagen incendiaria, muy acorde con el espectáculo que estábamos viendo.

El final llegó sin que apenas nos diéramos cuenta, y pasamos las últimas canciones al borde de la epilepsia por el juego de luces y flashes, y la descarga de vatios que estábamos sintiendo mientras escuchamos «In Your Words» y «Laid to Rest», tras la cual agradecieron y alagaron con creces a todo el respetable, para dar paso a «Redneck» ligada con «Black Label» y así acabar su actuación con un vozarrón inhumano por parte de Randy, que nos bajaba a todos de la nube en la que estuvimos volando durante poco más de una cortísima hora. Hay que decir que todos los allí presentes habríamos estado dispuestos a haber continuado deleitándonos con es Groove, con ese Metal tan característico e inimitable que habían conseguido ofrecernos.

Irnos en ese momento era la mejor opción, acostarse con algo tan extraordinario en la cabeza podría suponer un buen sueño, pero antes de eso no podíamos dejar de acercarnos, aunque fue brevemente, a ver el show, porque aquello era un verdadero show, del gran JELLO BIAFRA, una auténtica leyenda del punk original de finales de los setenta, acompañado por la banda The Guantanamo School of Medicine.

Allí nos encontramos, a partir de las 01:30, a un Jello embutido en un chaqué rojo terciopelo y camisa ochentera con su gesticulación y parafernalia habituales, manteniendo la esencia íntegra de su gran época en los Dead Kennedys. Finalmente, después de un par de temas entre los que se encontraba «No feudalism», ya tocaba descansar para intentar disfrutar de igual manera de lo que, al fin y al cabo, acababa de empezar.

Texto: Carlos Esteban San Miguel de RabaBasa.com

 

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