«The Wicked Symphony» vendría a ser la segunda parte de la narración y «Angel of Babylon» la tercera, en una historia abstracta, casi diría que de libre interpretación y que incluso bien se pudiera tomar como un cómputo de canciones sueltas, sin relación entre sí…

Puntuación: 9/10
Crítica realizada por J. José Jiménez de RafaBasa.com

 

 

Muchos músicos firmarían por tener al menos una cuarta parte de la carrera que, con sólo treinta y dos años, Tobias Sammet lleva a sus espaldas. No sólo tomó el relevo generacional del power metal en su día, sino que ha ido evolucionando, adquiriendo nuevos gustos, ampliando sus conocimientos, alcanzando el éxito con su banda EDGUY. Por si fuera poco, su proyecto AVANTASIA le ha permitido ir desarrollando sus virtudes junto a muchos de sus ídolos de juventud, consiguiendo que su carrera paralela sea para muchos, entre los que me incluyo, más interesante aún que la de su grupo principal.

Y así hasta que han ido pasando los años y quien nos lo iba a decir, porque hemos llegado hasta la cuarta parte. Desde la grandilocuencia de las dos primeras, bien bautizadas como «The Metal Opera» ya que hacían honor al título, a los aires más modernos y hard rockeros de «The Scarecrow» a este AVANTASIA IV dividido en dos partes que, si bien se pueden adquirir por separado, conforman un todo indisoluble, lógica continuación musical (en cuanto a sonido, composición y estilo musical) de aquel «Espantapájaros». De hecho, «The Wicked Symphony» vendría a ser la segunda parte de la narración y «Angel of Babylon» la tercera, en una historia abstracta, casi diría que de libre interpretación y que incluso bien se pudiera tomar como un cómputo de canciones sueltas, sin relación entre sí, si así se deseara. En todo caso, hay varias notas aclaratorias en los libretos sobre todo ello.

Todo lo que rodea a los álbumes, es decir, producción, portadas, ediciones y detalles de las mismas, recursos logísticos y humanos empleados a la hora de grabar, es de absoluto lujo, sin escatimar en nada (incluidos los gastos, seguro). El resultado no podía ser otro que brillante, pero lo más importante, para darle sentido a semejante despliegue, son las canciones, donde encontramos a un Sammet inspirado como nunca que consigue dar forma, en veintidós, a un dueto de discos en los que para nada se hace pesada su escucha, no habiendo apenas momentos flojos en su larga duración.

Estilística y compositivamente, como decía arriba, vienen a ser la continuación de aquel «The Scarecrow», aunque abriendo aún más el abanico musical hacia tesituras de rock clásico en la mayoría de los casos, sobre todo evocando la década de los setenta. Aún seguimos teniendo algún retazo del viejo power metal europeo y alguno muy heavy, pero básicamente se ha hecho un reparto equitativo de temas predominando la melodía y el regustillo por el hard rock clásico, destacando en mi opinión «Angel of Babylon» sobre «The Wicked Symphony», si bien estoy viendo que hay disparidad de gustos en cuanto a dicha elección.

El elenco de músicos tira de espaldas de lo bueno y espectacular que es, y aun así Sammet indica que no pudo conseguir algunos colaboradores que deseaba tener, pero con semejante plantel cualquiera echa de menos a nadie. Aunque sin duda, no puedo dejar de destacar a dos de los vocalistas invitados que lucen con luz propia: el casi omnipresente Jorn Lande y, sobre todo Klaus Meine, quien a sus sesenta y dos años está a un nivel vocal superior. En todo caso, nombres como Bruce Kulick y Oliver Hartmann a las guitarras (si bien los solos no son el punto fuerte de este trabajo, en el que predomina la canción en sí misma y la melodía), Bob Catley, Ripper Owens, Russel Allen o el simpar Michael Kiske (al que creo que bien podía emplear en otro tipo de temas como hicieron los responsables de la ópera rock «Aina» y no usarle sólo para los de estilo power) amén de muchos otros, conforman un atractivo más que suficiente de cara a la escucha de la obra.

Empecemos con «The Wicked Symphony», que abre con el tema homónimo, regido por la progresión de acordes de la introducción (por cierto, que se me hace muy parecida a la banda sonora de «Gladiator», ¿coincidencia?) para desarrollarse en un ritmo parecido al de «Tears of a Mandrake». El épico estribillo se me hace uno de los mejores de los dos discos, enganchando a la primera, con los coros y voces de Allen, Lande y Sammet perfectamente empastadas. «Wastelands» es el lucimiento para Michael Kiske, en una canción deudora 100% del sonido de los dos primeros Keeprs de Helloween, tema que, por mucho que Tobias evolucione, no debería faltar nunca en un disco suyo. «Scales of Justice» es un puñetazo en toda la cara. Ritmo ultra heavy con un Ripper Owens que se sale por los cuatro costados. Lo más duro del disco y de lo mejor de los dos. Se hace algo raro oír justo detrás «Dying for an Angel», con su melodía y medio tempo, por el contraste, pese a ser otro temazo, perfectamente elegido como single y donde, como dije antes, Klaus Meine está colosal. «Blizzard On a Broken Mirror» sirve para el lucimiento de Andre Matos, quien en el puente (con esos quejidos agudos tan propios de el) y el estribillo nos deleita con unas fantásticas melodías. «Runaway Train» es un medio tiempo complejo, de casi nueve minutos, deudora del rock sinfónico de los sesenta/setenta, con un Bob Catley sensacional en el puente lento que hay hacia la mitad y un coro de los que se te quedan pegados durante días. «Crestfallen» no me termina de convencer, ni por el riff acompañado de teclados, ni por las melodías ni por mucho menos, las partes vocales de Sammet, que a parte de no parecerme muy inspiradas (igual que el insípido estribillo) canta más que grita. La cosa mejora con «Forever is a Long Time», con un aire a los «Thin Lizzy» que tira de espaldas, ideal para el lucimiento de Jorn, en uno de los cortes donde mejor encaja su voz. «Black Wings» es otro que no me termina de triunfar, con sus aires modernos (y no es que tenga nada en contra de esto exactamente) y ese ritmo industrial se me hace una de las menos inspiradas. «States of Matter» es un tema heavy y melódico a partes iguales, donde Russel Allen vuelve a dar clases magistrales de elegancia, pasión y técnica. Esta parte primera se cierra con el tema de pop-rock «The Edge», sencillo y melódico donde sin colaboraciones de otros solistas Tobias logra construir unas melodías atrayentes.

Pasamos a «Angel of Babylon», como decía antes, mi parte favorita (y no es que «The Wicked Symphony no me guste, ni mucho menos, pero creo que la mezcla de temas está más conseguida aquí, a parte de no haber ninguno que me parezca un poco más flojo en conjunto), comenzando por la obra maestra llamada «Stargazers» que lo tiene todo: desde una introducción que pone los pelos como escarpias con Allen, Lande y Sammet alternando voces, a ritmos veloces en estrofa (si, de nuevo con Kiske a las partes power), un épico estribillo, guitarras dobladas… «Angel of Babylon» continúa con las tesituras power, recordándome de alguna manera al primer -y gran- álbum de Masterplan, y no sólo por la voz de Lande. Pese al riff de guitarra, tanto los arreglos de teclado como las melodías de «Your Love is Evil» es puro AOR, tras la que viene una de las piedras angulares, «Death is Just a Feeling», donde Jon Oliva se lo pasa fetén emulando a Alice Cooper en una de esas nanas siniestras que tanto le gustan a éste. ¡Sencillamente deliciosa! Volvemos al hard rock con «Rat Race» (por cierto, alucinante el puente con voces sintetizadas) con unas buenísimas estrofas, riffs y estribillo, igual que «Down in the Dark», de similares características. «Blowing Out the Flame» es una bella balada donde destaca el coro gospel de los estribillos. «Symphony of Life» es la incursión en sonidos góticos (menuda variedad, no cabe duda) donde Cloudy Yang hace un muy buen papel. Sonidos blues y hard americano, con ese comienzo Monkey Bussiness total (supongo que aquí es donde habría querido la colaboración de Sebastian Bach que al final no pudo ser) inundan «Alone I Remember», donde podemos disfrutar de Lande emulando a David Coverdale como tanto le gusta a el. «Promised Land» nos devuelve al power metal con de nuevo un coro enorme en el estribillo y donde posiblemente estén los mejores solos de la obra, entre el pique de Sascha Paeh y Henjo Richter, así como la melodía doblada de ambos (puro Helloween, incluso con un deje a «The Game is On»). Se cierra el disco con «Journey to Arcadia», un medio tiempo de más de siete minutos donde una vez más se denotan la inspiración por el rock sinfónico; perfecto tema para cerrar una ópera rock.

Lo peor del disco, la poca o nula proyección que tiene para el directo, y es sería genial poder disfrutarlo completo con ya no digo todos, pero si gran parte del elenco de invitados, así como una gira con los mejores temas de los ya cuatro AVANTASIAS, o incluso un musical de teatro… Las posibilidades serían infinitas. En todo caso, y a la espera de confirmaciones, tenemos mucha música y de muy buena calidad para ir disfrutando.

¿Habrá un AVANTASIA V? Sinceramente, espero que sí; algún día.

J. José Jiménez.

Lista de Temas de The Wicked Symphony :

  1. The Wicked Symphony
  2. Wastelands
  3. Scales Of Justice
  4. Dying For An Angel
  5. Blizzard On A Broken Mirror
  6. Runaway Train
  7. Crestfallen
  8. Forever Is A Long Time
  9. Black Wings
  10. States Of Matter
  11. The Edge

Lista de Temas de Angel of Babylon :

  1. Angel Of Babylon
  2. Stargazers
  3. Your Love Is Evil
  4. Death Is Just A Feeling
  5. Rat Race
  6. Down In The Dark
  7. Blowing Out The Flame
  8. Symphony Of Life
  9. Alone I Remember
  10. Promised Land 2
  11. Journey To Arcadia

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