Con la siempre agradable seguridad que da a las bandas ver el cartel de “Sold Out” –al que Fito y los suyos deben de estar más que acostumbrados a estas alturas-, la noche prometía para la presentación ante la sociedad maña de “Antes de que cuente diez”.

Con un aforo de algo más de 9.000 personas, el Pabellón Príncipe Felipe de la capital aragonesa presentaba un lleno de algo menos de la mitad del pabellón cuando sobre las 20.30 comenzaban a sonar los primeros acordes procedentes de la Cabra Mecánica. Algo temprano para un día de trabajo, y un abrumador éxito de Fito y Fitipaldis en todos los sectores hizo que no todo el mundo decidiera asistir al aperitivo que Lichis ofrecía. Da gusto ver despedir un proyecto tan a lo grande, con todos los medios de una gran producción, y ver como el genial artista que es Lichis se despide de sus viejos temas disfrutando sobre las tablas. Un showman intimista pese a las dimensiones del escenario. Un inquieto frontman capaz de transmitir y hacerse pronto con el público. Tres veces se ha paseado Lichis por la capital maña en los últimos meses, pero realmente ahí había gente con ganas de aprovechar hasta la última oportunidad de dar este homenaje en vida y  posterior entierro a temas tan míticos como “Todo a cien”, “Malacara” o “Palabras de gasolina”. Como siempre, los temas que más hicieron vibrar al público fueron esas canciones que hicieron a La Cabra ganar seguidores de un solo single; esos que les convirtieron en cierto modo en Carne de Canción. Pero, pese a que no sean la mejor forma de aproximarse a un compositor y letrista tan variado, las sombras de “Felicidad”, “La lista de la compra” o la ya perdida “Iluso” son hitos innegables en la trayectoria de la banda que ahora despedimos. Un Lichis genial, pletórico, que escogió temas de todas sus etapas y que, al menos a mí, me hizo recordar con nostalgia los años vividos con la banda sonora de La Cabra. En total, algo más de una hora de duración, que dio para mucho.

A eso de las 22.00, la música se para, las luces se apagan y los corazones se contraen. La gran pantalla se ilumina, con los títulos de crédito de la gira de Fito, con la versión animada del de la Palanca y sus secuaces preparándose para el concierto. Grandes medios para un pequeño gran hombre, que ha conocido el tocar en gaztetxes, bares, salas e ir aupando escalones, poquito a poco, hasta ser capaz de contar con los medios que hoy dispone para sus grabaciones y conciertos. “Antes de que cuente diez” abrió el concierto, por aquello de enlazar con los créditos y hacer que el público empiece ya lo más animado posible.

Las numerosas pantallas y juegos de luces daban al concierto un marcado aire de punto de inflexión en la nueva gira de Fito. Pero, sobre todo, lo que en esta nueva tanda de shows nos encontramos es a una impresionante banda de músicos. Innegables las cualidades musicales de la gente que ha ido pasando por los Fitipaldis desde que su proyecto arrancó –especial mención a Bátiz, otrora eje central de la banda-, pero el sonido alcanzado en esta gira es casi inmejorable. Los decibelios te hacen palpitar, pero sus solos suenan con una limpieza capaz de poner los pelos de punta. Carlos Raya es impresionante como músico, y parece haber nacido con una guitarra bajo el brazo. Javier Alzola ha ido ganando posiciones, desde el intencionado segundo plano en el que se veía al unirse a los fitipaldis, y su presencia discreta sobre el escenario, hasta lo que hoy vemos: una confianza y un sentimiento de rock and roll que se percibe desde el graderío.  De los Fitipaldis más recientes, quizás el único cambio más dudable es la presencia de Alejandro “Boli” Climent: tiene la difícil tarea de sustituir al activísimo Candy Caramelo (Andrés Calamaro, La Cabra Mecánica, Tino Casal…), y se muestra mucho más reservado y pasivo que éste, pese a sus innegables cualidades musicales.

Haciendo un repaso a los temas, en las dos horas y media largas de concierto (con dos bloques de bises) sonaron todos los temas de “Antes de que cuente diez”, pero hubo sitio también para temas como Whisky Barato, La Casa por el tejado o el imprescindible Soldadito Marinero.  Destacando sus partes más especiales, el campestre show creado para la interpretación de Quiero Beber hasta perder el control (de Los Secretos) y Barra Americana, que cantó junto a Lichis. El volver a escuchar un viejo tema de Platero y Tú fue el momento más especial de la noche para aquellos que conocíamos el tema, y sabíamos del significado de las fotos de los cuatro melenudos que copaban las pantallas de un escenario completamente oscuro sobre el que sólo se encontraba Fito, sentado con su acústica. Desde donde me encontraba, la mayoría parecía no conocer la canción, y a mis 25 años me sentí demasiado mayor, demasiado rockero o algo extraño. Pero estoy seguro de que ese “Al Cantar” tocó más fibras entre un buen puñado de los asistentes. Abrazado a la tristeza fue una buena continuación a este tema, que pese a formar ya parte del repertorio de Fito muchos seguimos asociándolo a Extrechinato y Tú.

Una correcta elección de temas, un Fito que ya no se dedica tanto a interminables solos y fragmentos musicales como hace unos pocos años, que llegaban a cansar a parte de la audiencia, y que ahora compensa con su sonido de big band. Siempre es altamente gratificante acercarse a un concierto de Fito, y si en él tienes oportunidad también de contar con otro de los grandes (Lichis) sobre el escenario, el disfrute está asegurado.