Comenzar su nueva gira europea por España condicionó el set list que presentó el grupo estadounidense de metal de raíces latinas Ill Niño, si añadimos el hecho de que Barcelona fue su primera toma de contacto, comprenderemos por qué no arriesgaron demasiado y apostaron por interpretar algunos de sus mejores composiciones, dejando únicamente dos para Epidemia, su última obra, “La Epidemia” y “Eva”.

Crónica de Locky Pérez de Musicopolis

La sala Salamandra no registró una de sus mejores entradas, poco más de medio aforo, algo que, sin embargo, no hizo mella en la actitud del grupo hacia el público. Evidentemente, a quien no le guste la propuesta de Ill Niño no se perdió nada pero, aquellos seguidores del grupo que por pereza u otras causas injustificables no acudieron a apoyarles, desperdiciaron un gran ocasión para presenciar un concierto de lo más vibrante.

Si algo no se les puede reprochar a los componentes de Ill Niño, es la rotunda demostración de vitalidad que desparramaron sobre las tablas, ejerciendo, con sus saltos y movimientos, una especie de catarsis contagiosa que penetró en lo más profundo del espíritu de los presentes quienes no escatimaron energías para demostrar su conformidad y entusiasmo con la entrega desplegada desde el escenario.

Si la memoria no me traiciona, comenzaron pletóricos con “If You Still Hate Me” y el repaso a su discografía incluyó, entre otras, piezas como, “Te Amo… I Hate You”, “I Am Loco”, “When I Cuts”, “How Can I Live” y “Lifeless… Life”, que puso punto final a su actuación antes de los bises.

De vuelta al escenario, arremetieron con la misma vehemencia del comienzo, ejecutando “What Comes Around” y “Liar” para concluir un recital más corto de lo habitual, aunque solventado con una puesta en escena tan compulsiva como frenética, respaldada por un sonido impecable que fluyó enérgico y nítido, a pesar de lo abrupto de sus parámetros.

Gran labor la del vocalista Cristian Machado combinando los registros guturales con los melódicos y entablando contacto con el público en castellano para agradecer su presencia y animarlos a que se “soltaran” al ritmo de su erosiva pero contagiosa música. En ese aspecto, los ritmos de batería y percusión, aportados por el “voluminoso” Dave Chavarri (que se dirigió a los presentes con un cariñoso… “qué pasa hijoputaaaasssss”) y Danny Couto, respectivamente, tuvieron gran parte del mérito, marcando las diferencias con respecto a otros combos de metal debido a su orientación latina, algo que también se notó en las partes de guitarra acústica que se incluyen en algunas canciones y en las que se fueron alternando los guitarristas Ahrue Luster y Diego Verduzco. Fue una completa gozada presenciar los saltos que pegaban al unísono junto al bajista Lázaro Pina y al propio Cristian, todo un espectáculo.

Crónica de Locky Pérez de Musicopolis