Venía a decir Carlos Escobedo en un momento dado durante el concierto que los fans de Sober están hechos de otra pasta, y aunque es una frase muy recurrida en los conciertos de cualquier grupo con repercusión, lo cierto es  que habían tocado en esta misma sala en mayo y lograron llenarla de nuevo a pesar de que durante 2011 se les ha podido ver también por Madrid en los festivales Sonisphere y En Vivo.

Sin duda «Superbia» ha respondido a las expectativas depositadas por sus seguidores; por ahí empieza el éxito de una gira.

Crónica de Juan Destroyer de MariscalRock.com

 

Cuando el volumen de la música de ambiente subió con “It’s a long way to the top” de AC/DC supimos que aquello estaba a punto de empezar. Al finalizar la intro que han estado usando durante el tour, un preludio con teclas de la propia “Superbia”, se ilumina la parte alta del escenario donde vemos primero a Manuel Reyes y luego al tenor David que participó en el citado disco; si algo tiene de especial esta noche, además de suponer la despedida del año para el grupo, es la presencia anunciada de invitados.

“10 años” siempre será uno de los temas más celebrados en sus conciertos, pero como digo, ‘Superbia’ ha gustado y de buen grado se recibe también “Umbilical”.

“Este momento merece una “Eternidad”, proclama Carlos antes de que Bernardini nos mezca con sus delays. “La nube” compite con las aplastantes guitarras a lo Rammstein de “La araña”. En “Paradysso” los violines y las voces operísticas están pregrabadas, pero se resarcen con la compleja “Fantasma”, donde cuentan con dos invitados: Jesús Pulido, bajista de Savia que coge un micro, y un trompetista, Marc Peralta. Es además una de las pocas canciones donde Bernardini y Jorge Escobedo doblan sus guitarras.

“Si hay que llorar, se llora”, defiende el cantante antes de dedicarle “Hombre de hielo” a todas las personas que no ocultan sus sentimientos, como no lo hace Antonio, que se arrodilla ante Jorge durante un solo de éste; precisamente enlazan con un sano pique entre ambos, demostrando que son mejores guitarristas de lo que algunos presuponen. Al terminar, el Escobedo guitarrista juega con los riffs de “Iron Man” (Black Sabbath) y “Black night” (Deep Purple), pero son una anécdota previa al momento de la batucada en la que un showman llamado Johnny, que ya colaboró en ‘Superbia’, ocupa el puesto en los timbales que tradicionalmente ha sido de Carlos en la gira.

Quizás después de la orgía guitarrera y del festival de percusión la balada “Náufrago” no era la mejor opción, pero estuvo engalanada por la presencia de dos fans que interpretaron la pieza –al principio únicamente en compañía de Carlos como segunda voz- tras ganar un concurso convocado a través de las redes sociales del grupo: Rosi como cantante y Jesús a las teclas. Con el aliento más que recuperado, Carlitos la terminará demostrándonos que él también sabe hacer gorgoritos operísticos.

La guitarra sintetizada de Bernardini introduce “Oxígeno”, momento para recordar al añorado batería Alberto Madrid. Termina con Antonio emulando el sonido de una taladradora con su ebow. Con unos tenues arpegios Jorge nos está adelantado ya que lo siguiente en sonar será “Arrepentido”, el gran hit de Sober que canta toda la sala y que culmina con Carlos nuevamente haciendo gala de pulmones, manteniendo la nota final cuando a nosotros ya se nos ha acabado el oxígeno.

Se retiran mientras el público corea el nombre de la banda, que solo lleva 1h 25 minutos de concierto y no tiene intención de marcharse todavía. A su vuelta Jorge coge el micro y lamenta que una enfermedad haya dejado K.O. a Morti, cantante de Skizoo que se suponía que iba a interpretar con ellos “Tic tac”.

Carlos pide cuernos al aire para la dura “Sombras”, que alargan pidiendo palmas. Reclama luego aplausos para su equipo técnico y para los invitados, además de presentar a los propios músicos, cada uno de ellos haciendo sus pinitos con el instrumento.

Finalmente vendría lo que Carlos definió como un aperitivo de lo que será su próxima gira, con distintos fragmentos de canciones de ‘Morfología’, y por supuesto no podían marcharse de allí, rozando las dos horas de actuación, sin que nos volviéramos todos “Locos”.

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