Apuesto a que hacía muchos, muchos años que DREAM THEATER no recordaban lo que era pasar apuros. Todo era perfecto. La banda, disco tras disco, no cesaba de captar adeptos y de confirmarse como el referente del metal progresivo a nivel mundial, con giras más que sonadas, pabellones llenos, conciertos memorables y récords de ventas, pero sobre todo con una formación ya más que asentada que todo el mundo conocíamos y que, y a las pruebas me remito, funcionaba de verdadero lujo en estudio.

Puntuación: 7,5
Crítica de
Jorge del Amo Mazarío de RafaBasa.com

Eran el equipo perfecto, y así se podía ver en trabajos como «Octavarium» (2005), «Systematic Chaos» (2007) o su último «Black Clouds & Silver Linings» (2009), sus tres últimos discos, tres obras ya imprescindibles del género que todavía hoy hablan de la grandeza de esta formación y que, ya sin Mike Portnoy a la batería (y composición), les va a costar y mucho repetir, de la misma manera que THE BEATLES hubiesen sido menos BEATLES si en su mejor momento hubiera faltado uno de los cuatro.

La marcha fue tan inoportuna como inesperada, pero ante la adversidad sólo queda mirar al frente y continuar pese a todo, y eso es exactamente lo que DREAM THEATER han hecho, continuar con sus planes sin que su actividad apenas se haya visto interrumpida. Así, Mike Mangini es ahora el nuevo hombre tras los platos y este es su primer legado con la banda neoyorkina, un trabajo que lleva por título «A Dramatic Turn Of Events» y que es una encrucijada en la trayectoria del grupo, un momento crucial y en parte nuevo para casi todos que, no obstante, la banda ha sabido solventar con mucha dignidad y sus buenas dosis de brillantez, por qué no decirlo.

Aun así, no quiero engañar a nadie. Después de un montón de escuchas, y tras echar un pequeño vistazo atrás para contemplar estos últimos años de fructífera carrera discográfica, es para mí más que evidente que «A Dramatic Turn Of Events» está un peldaño por detrás de estos y unos cuantos por detrás de trabajos ya lejanos en el tiempo como «Images And Words», «Awake» o «Train Of Thought», aunque casi nadie a estas alturas espera ya un trabajo como aquellos. Aun así, y a título estrictamente personal, creo que su último disco fue el más completo desde entonces, por lo que visto de ese modo sí que podría hablar, con matizaciones, de un pequeño paso atrás en su devenir, un paso atrás lógico por otra parte tras la marcha de un de Portnoy que representaba una de las mayores fuentes de inspiración del grupo.

Teniendo eso presente, «A Dramatic Turn Of Events» yo lo veo como un trabajo muy serio en un momento difícil, que aunque nos muestra una versión algo más pobre a nivel creativo de lo que nos tienen acostumbrados, cumple bien su propósito de perpetuar de forma decente una trayectoria impecable, que desde luego no va a acabar aquí. Este es, hablando en términos de DT, un álbum más cumplidor que el resto, menos audaz e inquieto y algo más efectista, en tanto en cuanto los neoyorkinos nos muestran aquí su versión más tierna, cuidando especialmente la melodía y el contacto directo con el público más que otra cosa, hasta el punto en que, por qué no decirlo, se termina echando de menos algo más de heavy metal, algo más de esa grandísima banda de metal progresivo con mayúsculas que son y siempre serán.

En cuanto a su enfoque instrumental, puede que este sea uno de los CDs más sobrios que Petrucci y compañía han compuesto hasta la fecha, aunque como comentaba antes, no creo que esa haya sido su mayor ambición esta vez. Este es un disco orientado hacia las canciones, entendiendo estas como un todo, más que a todo lo que llevan dentro, aunque ni que decir tiene que quien busque bajos prominentes y solos eternos vuelve a encontrar aquí su banda fetiche, porque es algo que «A Dramatic Turn Of Events» tiene a patadas.

En cuanto al trabajo realizado por Mike Mangini, resaltando que en cualquier banda estaríamos hablando de un portento, aquí hay que decir que se nota demasiado la diferencia con respecto a Mike Portnoy. Quizás suene demasiado fácil, pero se echa muchísimo de menos el protagonismo de Mike; esos giros constantes, esa cadencia inquebrantable, ese huracán «metronómico» tras su interminable kit de batería. Aquí Mangini, si bien no se limita a llevar el ritmo y poco más, no destaca en absoluto ni la cuarta parte de lo que en su día destacaba MP, y eso se tenía que notar.

Este es un trabajo de DREAM THEATER altamente reconocible en prácticamente todas sus vertientes, con poco de nuevo y mucho de bueno, muy cumplidor como decía pero también algo estanco si hablamos de imaginación y progresión, con algunos bajos que ensombrecen los muchos altos que tiene este disco. Supongo que es cuestión de gustos, pero esta vez sí que he notado por momentos una mayor dificultad a la hora de continuar la escucha del CD, como que cuesta hacerse a él, y eso es, desde mi punto de vista, porque es un disco menos completo y que sorprende menos, por lo que si a eso le sumamos algún que otro tema un poco más flojo, nos da una idea bastante aproximada de lo que es este undécimo asalto discográfico, un cede menos profundo pero con algunos temas que, aun así, estarían seguro en un ‘best of’ de estos últimos años. Además, sí que diría que los neoyorkinos empiezan a sonar un poco de manera más o menos disimulada a «refrito» en algunas partes del disco, por lo que en estos momentos tan cruciales, quizás no vendría mal un parón para reciclarse y volver por sus fueros.

El álbum, con su casi hora y veinte habitual de duración, tiene un poco de todo, aunque la línea general tienda hacia el medio tiempo y hacia la atmósfera melancólica de sus melodías omnipresentes, muy bien interpretadas por un James LaBrie que se muestra como siempre, para bien o para mal. Es, lógicamente, complicado (y aburrido) describir minuto a minuto un trabajo como este porque daría para una tésis doctoral, pero de entre los nueve temas que lo componen, hay algunos que destacan sobre el resto muy claramente, como por ejemplo «On The Backs Of Angels», uno de esos temas en los que se nota menos el cambio y que, por qué no, podría haber entrado en alguna de las ediciones anteriores del grupo. Aquí DREAM THEATER se quedan a gusto, con transiciones marca de la casa y un estribillo ameno y pegadizo. Mención especial también para «Build Me Up, Break Me Down», un corte muy diferente pero al mismo tiempo muy especial y entrañable, con unos teclados asombrosos a cargo de un sobresaliente Jordan Rudess y un desarrollo que hacen que casi parezca un single a su manera. Además, me han parecido muy interesantes dos temas como «Bridges In The Sky» y «Breaking All Illusions» y de entre esos temas menos afortunados, mencionaría especialmente a «This Is The Life», que no llama la atención en ningún aspecto prácticamente, un tema muy «normalito» que la verdad les ha quedado un poco de relleno.

Este es en definitiva un gran disco, sí, pero un poco menos grande si miramos su autor. Aun así, ¿estamos seguros de que hubiera sido mejor con Mike Portnoy? Yo no lo tengo tan claro, pero lo que sí sé seguro es que dejarles madurar y volver a asentarse como grupo sólo puede traer beneficios.

Lista de temas:

  1. On The Backs Of Angels
  2. Build Me Up, Break Me Down
  3. Lost Not Forgotten
  4. This Is The Life
  5. The Shaman’s Trance
  6. Outcry
  7. Far From Heaven
  8. Breaking All Illusions
  9. Beneath The Surface

Crítica de Jorge del Amo Mazarío de RafaBasa.com

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