Éste ha sido un año realmente especial para los navarros, experimentando un resurgimiento más que merecido por un lado, y consiguiendo de una vez el reconocimiento en su 28 aniversario a una carrera única, espectacular y que les ha colocado por fin y de una maldita vez al lado de los grandes nombres de oro de nuestro rock nacional.

Y es que BARRICADA son pasado, presente y aún futuro de la historia musical de este país, unos de nuestros gigantes, una banda única y tremendamente especial que ha marcado a tres generaciones de roqueros de este país.

Crónica de David Esquitino de RafaBasa.com

Al final, la humildad y la lucha, pero a su vez las pelotas y la tozudez, ese espíritu rebelde de no claudicar ante nada ni ante nadie, de abrir las puertas cerradas con llave a cabezazos, obtienen sus frutos. Pues bien, terminando este fantástico 2010 para ellos, y tras haberse reeditado un disco tan importante como es «La tierra está sorda», además de ver la luz un libro increíble (que reseñaremos en unos días) sobre toda su historia, era el momento de poner el broche de oro a su gira con un segundo concierto en Madrid (recordemos que ya reventaron La Riviera hace algunos meses, en un fin de semana mágico en la capital en el que disfrutamos primero de LOS SUAVES y al día siguiente de BARRICADA en la misma sala), antes del fin de fiesta oficial el sábado 18 en su tierra, en su querido pabellón Anaitasuna de Pamplona.

Aunque la sala no registró el lleno absoluto de la primera vez, la entrada fue magnífica como era de esperar, sobrepasando los tres cuartos de aforo y de nuevo con la gente totalmente entregada a unos BARRI que ya son como de la familia para todos los que les seguimos desde que éramos tan sólo unos criajos descubriendo esta música «bullanguera» pero que nos decía cosas muy especiales y que lamentablemente no encontrábamos en los medios generales (y eso que BARRICADA, pese a todo, siempre tuvieron su huequecito). Curioso y bonito una vez más el encontrarnos un público desde los 18 años (y eso que si los menores hubieran podido entrar, el rango se hubiera ampliado sin duda hacia abajo) hasta los 50, por decir una cifra redonda, poniendo de relieve que los barriqueros nunca se van pero a su vez siempre se abren las puertas a nuevos seguidores que se siguen sintiendo tan identificados con la filosofía y música de BARRICADA como los que también fuimos adolescentes rebeldes en algún momento. Y es que si los viejos fans de la banda han vuelto y/o siguen viéndoles en directo, querrá decir algo…

También me gustó comprobar que «La tierra está sorda» ha ido entrando poco a poco, tanto entre los nuevos seguidores, que sí lo acogieron mejor en un principio, como entre los que nos ha costado más. Y es que, de hecho, aunque el movimiento del respetable no fue obviamente el mismo que en la parte clásica, impresionaba escuchar a la sala cantando las letras de los temas de la primera parte como si fueran de toda la vida… Por si alguien no lo sabe, comentar que el concierto tiene dos partes, una primera dedicada íntegramente a «La tierra está sorda», contando además sobre el escenario con la colaboración de Iker Piedrafita, hijo de Alfredo, ayudando con una guitarra extra, teclados e incluso echándole un cable al Drogas con el bajo cuando este requiere dedicarse al micro para estos temas tan especiales; y ya la segunda sólo con los cuatro músicos titulares sobre el escenario y dando buena cera a un repertorio 100% clásico: 3 horas de conciertazo nada más y nada menos, vaya.

A eso de las 20:15 comenzaban a tope con «Desfilan», desgranando el nuevo álbum completo y contando con un sonido bastante bueno desde el principio (aunque al Drogas le costó calentar la voz). Entre canción y canción el veterano bajista (y gran letrista, que le echo la loa desde aquí aunque sea con calzador) iba explicando la historia que había detrás de cada canción, y así fuimos disfrutando de canciones que cada vez han ido calando más como «Sotanas», «Hasta siempre Tensi», «Llegan los cuervos»… Personalmente siempre he tenido una conexión especial con los temas que canta el Boni, y así, una vez más disfruté realmente con «Cierra los ojos», el rollo que tiene «Por la libertad» o «Es una carta» (que sonó de maravilla, por cierto, y con una respuesta excelente), además del toque algo más suave pero con todo el feeling del mundo de «Suela de alpargata» o «Matilde Landa», sonando acústicas y con la pausada pero intensa voz del Drogas protagonista.

En definitiva, todos los temas fueron bien recibidos, y además con la gente más atenta en este sentido que la primera vez (que ya digo que el disco nos ha ido entrando a todos con el tiempo) pero especialmente me quedé con la reacción ante «La estancia» y «Las siete de la tarde» (¡qué temazo!), que además sonaron con una caña de impresión, además de por supuesto «Pétalos», que se ha convertido sin duda en otro de los clásicos de la banda. Casi hora y cuarto de primera parte del concierto, y ellos casi sin despeinarse (bueno no, que era una forma de hablar, porque ya se habían pegado una sudada buena, y nosotros con ellos) se metían para adentro a tomarse un pequeño respiro mientras se cambiaba la estructura del escenario, backline y demás de cara a las dos horas que nos restaban de lucha a muerte, sabiendo que nuestras gargantas y cuellos iban a sufrir (y disfrutar) de lo lindo con lo que se avecinaba.

Y de repente lo que era un gran concierto se convirtió en una fiesta, en un momento de comunión única que surge de vez en cuando entre banda y público, que obviamente no paró de moverse y corear himnos desde el comienzo con la intro circense y «Sean bienvenidos» hasta el final ya pasadas las once y cuarto con ese «La silla eléctrica», comienzo y final de toda la historia de la banda. Me sigue emocionando ver que Alfredo y Boni no han perdido ni un ápice de fuerza e ilusión, y eso que en algún tema los más «viejos» no podemos evitar acordarnos de ese último punto de velocidad que quizás ya le puede faltar a clasicazos como «Rojo» o «A toda velocidad», incluso a «Tentando a la suerte». Pero da igual, porque es mirarles y ver la implicación y ganas que le siguen poniendo y no poder parar de estar con ellos a muerte. Además, El Drogas sigue manteniendo ese toque especial del carismático músico que ya no necesita moverse tanto de un lado a otro del escenario para que te llegue bien dentro (y eso que lo de gesticular y poner caras no se ha olvidado, jeje). Y no me olvido de Ibi, buen batería que les ha inyectado esa sangre fresca que quizás les faltaba hace unos años y que a punto estuvo de acabar con la banda por hastío. Pero no, en 2010 de nuevo vuelven a sonar a BARRICADA (y es que hace poco escuché el «Salud y rock n´roll» de nuevo y bien, pero aquello no sonaba a los BARRICADA de verdad), siguen mostrando la misma actitud combativa de siempre y demuestran en cada tema el bendito tópico de que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Y si es «viejo roquero», ¡mucho más!

Pues lo dicho, que no hay mucho más que enrollarse al respecto, «un, dos, tres, ¡fuego!», al turrón y a no parar de cantar y bailar himnos uno detrás de otro, sin parar, un tema tras otro, alternándose Alfredo y sobre todo Boni y Drogas en las voces y a disfrutar mucho con «Todos mirando» (que fué una pasada… y es que cómo gusta este tema en Madrid, jeje), «Contra la pared», «Sofokao» , «Mañana será igual»… y es que de verdad que no sé que tienen los temas de BARRICADA pero tanto los cañeros, como los más pausados, los punkies, los guitarreros… todos lucen por igual en directo y te emocionan como cuando los escuchaste por primera vez. De todos modos, siempre hay temas especiales, y por ejemplo cuando sonó «Esta es una noche de rock n ´roll» aquello se vino abajo, o por supuesto con el rollo de «No sé qué hacer contigo» o el punto especial de «Animal caliente», que es única. Y se nota el cariño que todos le tenemos a «Deja que esto no acabe nunca», con Alfredo a la voz y toda la sala cantando, momento bonito donde los haya, claro que sí…

Al final el repertorio fue el mismo de la otra vez, el que de hecho llevan repitiendo más o menos en toda la gira, y para el final sabíamos que no podíamos dejar de darle una patada a la puerta a ritmo de «Okupación» y por supuesto corear con una sóla voz «En blanco y negro» como inicial fin de fiesta. Lo mismo con «Oveja negra», y es que el tema sonó superheavy y con un feeling de los de morirse, y luego ese «No hay tregua» que me sigue poniendo los pelos de punta desde que comienza el Boni con su deje más callejero y macarruzo hasta darnos paso para que toda la sala demostremos que llevamos la letra de la canción tatuada en el corazón casi desde que éramos niños de teta (si es que no lo seguimos siendo, que muchos sí, jeje). Y lo dicho, tras el penúltimo bis que daba fé de que no era noche para andar por esas calles, y es que hacía un frío que pelaba en Madrid, se despedían por un tiempo de Madrid (y es que se van a tomar un merecido descanso tras este intensísimo año), con las palabras de agradecimiento del Drogas por el increíble recibimiento que siempre habían tenido en la capital desde hacía casi 29 años, cuando tocaron por primera vez en la sala «En vivo» de Fuenlabrada, y recordando también las primeras veces con una Canciller hasta los topes, antes de poner el punto y final con «La silla eléctrica», que nos terminó de satisfacer, aunque nos dejara con ganas de más.

Perfectos, humildes, cercanos y demostrando que a día de hoy siguen sin tener rival en directo. Y eso que fueron tres horas, que por nosotros, que hubieran seguido un par de ellas más, ¿qué no? Muy grandes los BARRI, ¡sí, señor! Y es que, cuando se aprende a llorar por algo, también se aprende a defenderlo, ¿verdad?

Crónica de David Esquitino de RafaBasa.com