Rock de pura cepa y alto voltaje con el aterrizaje de los australianos Airbourne en Madrid, menos de un año después de su último paso por la ciudad. Una banda en progresión exponencial que sin despeinarse ha llegado a pisar el escenario de una sala del considerable aforo de La Riviera con tan solo dos discos a sus espaldas que han propulsado una trayectoria meteórica de rock y locura que alcanza en todas las quinielas la categoría de mito dentro de unos años siempre y cuando no gripe un motor que rinde híper revolucionado concierto tras concierto para regocijo de su creciente maraña de fans.

Crónica de Jason Cenador de MariscalRock.com

 

Esta vez, y pese a que el local presentó un buen aspecto (una media entrada), el lleno quedó lejos, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta los tiempos que corren, que fuera entre semana y que vinieron en febrero de este mismo año a la Joy Eslava, sala que por cierto si llenaron por completo.

Con puntualidad inglesa saltó al escenario una banda que demostró a todas luces reunir las cualidades deseables para compartir escenario con los australianos. Los madrileños Motociclón desplegaron sin contemplaciones su rock n’ roll contundente y pletórico de garra empleando una fórmula mil veces testeada como efectiva. Fueron sus mejores armas su gancho y el carisma de su vocalista Robértez, cien por cien volcado en ganarse al público a cuenta de un gran ímpetu y de jugarse el físico en alguna que otra ocasión (¡menudo golpe al saltar desde las vallas del foso hasta el escenario!). Se abalanzó sobre el público en un par de ocasiones y consiguió, junto con sus compañeros, metérselo en el bolsillo con temas simpáticos de rock fluido y apabullante, con generosas influencias urbanas, como “Los Listos”, “Mutante del Rock”, “Antifa de Pastel”, “Bocachanclas”, “Crapulismo”, “Ruta 130” y “Onanismo Obligatorio”. Heavy rock de barrio con extra de potencia defendido en directo con una entrega que les es irreprochable.

No se hicieron esperar demasiado los chicos de Airbourne para, tras la intro pertinente, salir como una auténtica exhalación, exhibiendo desde el primer momento lo que son ellos, un tornado de rock n’ roll dispuesto a arrasar allá donde va, sea como sea. “Raise The Flag” abrió la veda para que el headbanging siguiera arriba y abajo del escenario con al ritmo electrizante de “Hellfire”, ejecutada después de un solo del comandante indiscutible de esta nave: Joel O’ Keeffe. Parecía que la corriente eléctrica no finalizase en sus propios instrumentos, sino que se propagara a los propios músicos, hiperactivos, agitados tanto o más que sus canciones. Con “Chewin’ The Fat”, durante la Joel estallaría su primera lata de medio litro de cerveza a base de golpeársela contra la cabeza, y “Diamond In The Rough” prosiguió una gala en la que cada tema parecía el último por la forma en que los concluían, subiendo el nivel de decibelios hasta cotas máximas. Un ritmo simple de batería nos metió de lleno en “Blonde, Bad And Beautiful”, con ese estribillo irresistible que todos corearon sin pensárselo dos veces. Era de esperar la aventura de Joel fuera del tablado y aunque esta vez no se jugó la vida como en la Joy, cuando se encaramó al anfiteatro desde el escenario bordeando la cornisa hasta que pudo saltar la valla, no dejó pasar la oportunidad de acercarse a los suyos lo máximo posible guitarra en mano y atravesó de un lado a otro la muchedumbre a hombros de un colaborador mientras no dejaba de tocar su instrumento durante el solo de “Girls In Black”. Sus compañeros David Roads (guitarra) y Justin Street (bajo), puro dinamismo también no se quedaron precisamente estáticos y siguieron dándolo todo sobre el escenario. El hermanísimo Ryan O’ Keeffe continuaba seguro tras los tambores.

La que probablemente es la canción más desbordante de su última obra, ‘No Guts, No Glory’ fue la siguiente en saltar a la palestra y lo hizo con una eficacia incontestable. El público respondió en su parte intermedia a la petición de Joel de alzar los mecheros, si bien los móviles casi ganaban la partida al tradicional instrumento. Poco duró el pretexto para mantenerlos a la vista y el poderío de las guitarras se sobrepuso nuevamente a todos los elementos para volver a atacar un estribillo de ensueño. Como de ensueño es el riff de “Cheap Wine & Cheaper Women”, en la que la entrega de Joel para con su público no decayó. Sacó una botella de vino barato (“Cheap Wine!!!”) y después preguntó a ver cuánta gente podría ubirse a hombros de otra para compromiso de los de seguridad, uno de los cuales entendió la consigna y conminó a su compañero a no llamar la atención de los entusiastas espectadores que se alzaban varios metros sobre el suelo. Tras la vivaz “Born To Kill” Joel acabó en el suelo, y desde el propio piso con una voz calavérica nos instó una y otra vez a completar el título de “No Way But The Hard Way”, un pedazo de himno se mire por donde se mire (o lo se oiga por donde se oiga). Joel, que había cogido el gusto a la melodía de los oés que coreaba el público, la tocó más de una vez con su guitarra, levantando aún más los ánimos del respetable, que celebró por todo lo alto “Too Much, Too Young Too Fast”, con la que dejaron por un instante la escena antes de retornar con toda la fuerza con la ilustre “Runnin’ Wild”. El alocado Joel se dedicó en ella a golpear hasta tres latas de birra contra su cráneo para agujerearlas y duchar con ella a las primeras filas. Además hizo tiempo para parafrasear el riff del “Paranoid” de Black Sabbath. La segunda parte de los bises la completó, como no podía ser de otro modo, “Stand Up For Rock n’ Roll”, antes de la cual expresaron lo mucho que habían viajado y que lo volverán a hacer porque tienen a Madrid en el corazón. Ellos son Rock n’ Roll y volvieron a contagiarnos con toda la energía de una música de la que sacan lo mejor en una gala no muy larga pero tremendamente intensa. Stand up for Rock N’ Roll!!!

Crónica de Jason Cenador de MariscalRock.com