A menudo se dice de algunos grupos que donde mejor pueden dar su talla real es en las salas, en contraposición a grandes festivales. En el caso de BRING ME THE HORIZON puede que ocurra lo contrario… al menos de las vallas hacia atrás.

El fenómeno fan es algo que está ahí desde siempre, en todos los estilos. En algunos géneros se hace más evidente (o algunos intentan hacerlo ver así), pero se extiende a multitud de bandas. Y dónde más explotado está es entre los adolescentes. Por eso no fue raro que la gran mayoría de público que llenó la sala Arena una fría noche de noviembre (encima, un lunes) fuera gente en torno a veinte años… y menores. Sí, esos que se tuvieron que quedar fuera por una maldita ley que no les deja entrar a ver a sus grupos favoritos hasta que cumplen la mayoría de edad. Pero como no me quiero calentar con el asunto, y eso da para otro tipo de artículo, me centraré en el triple concierto que pudimos disfrutar.

Crónica de Varo Andrés de The Metal Circus


Por los atascos de Madrid, no fue posible llegar al concierto de SIGHT AND SOUNDS, pudiendo ver sus últimos temas con una sala en la que ya prácticamente no entraba un alfiler. Después la gente comentaba que desde primera hora de la tarde y varias horas antes de la apertura de puertas, había un número considerable de personas (más de trescientas) haciendo cola para entrar. Otra evidencia de los fans, que quieren ver de cerca a sus ídolos. En lo poco que vi, el cuarteto de Winnipeg le echó ganas con un estilo que quizá no pegaba demasiado con sus compañeros de cartel.

Para el comienzo de PIERCE THE VEIL el llenazo era ya un hecho. Sinceramente, no conocía demasiado al grupo, y debía ser de los pocos por allí en vista al recibimiento que tuvieron. Los gritos de las primeras filas hormonadas hacia sus miembros así me lo hicieron saber.  Siempre he pensado que cuando es más coreado el nombre de alguno de los músicos (o chillado, seguido de algunos calificativos) que el de la propia banda… es que algo falla. Ganas le echaron, conectaron con buena parte de la sala que no paró de cantar sus temas, pero a mí su mezcla de BLINK 182 con Avril Lavigne no me convenció en ningún momento. Menos aún con el postureo del que hacían gala en muchos momentos de su actuación… el mismo que algunos asistentes, que parecen más preocupados de la estética que de la música. Lo de los gorritos de algunos con el calor que hacía en la sala era para que se lo hicieran mirar. Sirva como ejemplo el corazoncito que hizo su cantante, Vic Fuentes, en mitad de un tema como respuesta a los que hacían las primeras filas; nunca antes en mi vida lo había visto en quince años de conciertos. O el salto que dio su bajista desde el ampli con su consiguiente hostia. Tendrán su público y lo respeto, pero tienen pinta de ser una de esas bandas del momento que pasados pocos años desaparecen y nadie se acuerda de ellos. Canciones fáciles para público más fácil.

Poco antes de la salida de BRING ME THE HORIZON el calor en la sala era agobiante. Tanto que tuvieron que retirar algunas personas de primera fila, empezando a repartir agua entre la gente… a lo que algunos respondieron tirando esas mismas botellas vacías al personal de seguridad de la sala. Incomprensible pero cierto. Tras mi incredulidad, llegaba el turno de una intro que daba paso a ‘Can You Feel My Heart’, volviendo loco al personal. Esa creemos que fue la razón de que nos echaran del foso mediado el segundo tema, por miedo a que pasara “algo más”, que ya se sabe que en ese aspecto hay que estar alerta en estos tiempos que corren. Para enganchar todavía más desde el principio de su show, tiraron de singles, con ‘Shadow Moses’ y ‘Diamonds Aren’t Forever’. Ésta fue la única concesión a ‘Suicide Season’ junto a ‘Chelsea Smile’. Todo se centró en ‘Sempiternal’, que ha sido con el que han pegado el pelotazo definitivo. A nivel de puesta en escena, nada que ver con el concierto que dieron en la Riviera años atrás acompañando a MACHINE HEAD (aunque al día siguiente nos enteraríamos que en Bilbao sí pudieron usar su propio montaje de escenario con su juego de luces). Además, Oli Sykes parece que está empezando a dominar su voz (por su bien), especialmente en las partes melódicas por las que tanto partido han tomado. Por el contrario, me esperaba algo más salvaje de lo que vimos, ya que el único que interactuaba con el público era su vocalista, incluso subiéndose a las vallas de seguridad en algún momento para cantar desde ellas. En ese aspecto se echa de menos a Jona Weinhofen, ya que Brendan MacDonald, nuevo guitarrista, no tiene la misma actividad en escena. Quién sí parece que lo vive es la penúltima incorporación, Jordan Fish, a su set de teclados, programaciones y percusión… aunque en algunos momentos cantan demasiado las partes pregrabadas de algunos temas. En cualquier caso, los de Sheffield dieron un señor concierto. ‘The House of Wolves’, ‘Go to Hell, for Heaven’s Sake’ y ‘Empire (Let Them Sing)’ fueron tres de los momentazos de la noche, seguidos de ‘It Never Ends’, echando la vista a su anterior obra. Lo que no se entendió demasiado fue incluir en su set ‘Deathbeds’, una cara B que rompió por completo el ritmo con su atmósfera. Como tema en estudio, pasable. Pero de cara al directo fue un tropezón serio. Costó remontar a pesar de intentarlo con ‘Chelsea Smile’ y el cañonazo de ‘Antivist’, que parece que ha ocupado el puesto de ‘Fuck’. Pero ahí se quedó la cosa, porque tras retirarse brevemente, volvieron con otro corte de inicio lento, ‘Blessed with a Curse’ (que sí, que tiene su rollo y un sudibón final, estando muy bien para escuchar en casa), cerrando con ‘Sleepwalking’, que hubiera quedado mejor a mitad de concierto. ¿Dónde se quedaron ‘Anthem’, ‘Alligator Blood’ o algo de su debut? Pues como ocurre con tantas bandas, por el camino. Y a cada nuevo álbum, se irán dejando más.

A menudo se dice de algunos grupos que donde mejor pueden dar su talla real es en las salas, en contraposición a grandes festivales. En el caso de BRING ME THE HORIZON puede que ocurra lo contrario… al menos de las vallas hacia atrás. Sabiendo (y habiendo visto en vídeos) las que lían en los festis antes miles de personas, no hay ni punto de comparación a lo que vivimos en Arena, con una concentración de fans que estaban más pendientes de otras cosas que de disfrutar como se merece un concierto como ese. Al menos Oli Sykes y los suyos sí dieron la talla; y necesitaron poquito más de una hora para ello.

Crónica de Varo Andrés de The Metal Circus