«Dark Roots of Earth» supone el décimo álbum de estudio en veinticinco años de bagaje discográfico, amén de multitud de recopilatorios y directos, en la dilatada carrera de TESTAMENT, una de esas bandas que siempre han tenido el reconocimiento de medios y público, pero parece que no el suficiente para estar en la misma línea que sus compañeros de aquel lejano Clash of the Titans.

Comienzo destacando el portadón creado para la ocasión por Eliran Kantor, sin duda uno de los mejores de su historia, teniendo en cuenta que este apartado siempre ha sido muy cuidado en cada una de sus cubiertas previas.

Puntuación: 7,5
Crítica de J. José Jiménez de
 RafaBasa.com

El afamado Andy Sneap alarga su ya amplio curriculum rubricando una excelente producción, limpia y pulcra, tirando hacia una vertiente más heavy que thrash aunque no exenta de la contundencia que un álbum de TESTAMENT ha de tener.

En cuanto a la formación californiana es de recibo mencionar la reentrada en el grupo del batería Gene Hoglan, en detrimento de Paul Bostaph. Hoglan, quien tocara en su ya clásico «Demonic» (el álbum más brutal de los americanos hasta la fecha) vuelve con poderío, demostrando que cualquiera no puede portar las baquetas de TESTAMENT, dejando matices de autentico maestro a lo largo de todo el minutaje.

La producción, como decía arriba, tiende más al heavy que al thrash, estando al servicio de la composición. Y es que TESTAMENT se han desmarcado de la línea que ellos mismos marcaron con el fantástico «The Formation of Damnation» haciendo el que quizás sea su álbum más heavy. En ocasiones hay retazos que, en la forma más que en el fondo, me recuerdan a aquel lejano «The Ritual», gran disco que, no obstante, parecio una forma de engancharse al carro del «Black Album» de Metallica como hicieran muchos otros; álbum que no cosechó los éxitos esperados y al cambio de formación y estilo en «Low» me remito. No hay más que ver -o mejor dicho escuchar- las versiones incluídas como bonus tracks que bien parecieran una declaración de intenciones de lo que serán sus propias composiciones en el disco: «Powerslave», «Animal Magnetism» y «Dragon Attack», todas ellas pasadas por el tamiz 100% TESTAMENT pero respetando cuidadosamente las originales de Iron Maiden, Scorpions y Queen respectivamente.

Semanas antes de la publicación del disco ya dejaron buena sensación mostrando como adelanto el tema «True American Hate», idoneo puente musical entre su anterior disco y el que nos ocupa. Todo un ejercicio thrash marca de la casa con el punto justo de tralla y melodía armado con un poderoso puente y estribillo. No menos contundente es el elegido para abrir el disco (y que se antoja un comienzo de concierto ideal) «Rise Up», con esa forma de crear riffs que es santo y seña del binomio Peterson/Skolnick y donde Gene Hoglan se sale por todos lados.

«Native Blood» es el perfecto single que engancha a la primera escucha, ganando aún más con las sucesivas. A tener en cuenta el duelo de solos de la dupla guitarrera, excelentes cada uno en su terreno, así como la pasión con la que Chuck Billy canta a su pueblo. Recomiendo no perderse el videoclip que editaron recientemente, donde sin tapujos denuncian la vejación que sigue sufriendo el indio americano. No estamos ante un gran despliegue de medios pero el videoclip tiene un mensaje bien transmitido, acorde a las letras de la canción.

«Dark Roots of the Earth», tema homónimo, baja algo la velocidad, manteniendose casi en todo momento a medio tiempo, con acelerón hacia la mitad para el solo. Tema muy elaborado que bautiza el disco con honores. Tras la ya mencionada «True American Hate», «A Day in the Death» baja algo el nivel con respecto a sus predecesoras, dando paso a la sentida balada «Cold Embrace», demostrando lo bien que se les ha dado este tipo de temas lentos siempre. Skolnick realiza un gran trabajo a los solos, dotando de sensibilidad a cada uno de ellos, aunque no llegando a las cotas de «Return to Serenity» y, en mi personal opinión quedando por debajo de las brillantes guitarras registradas por James Murphy en «Trail of Tears».

«Man Kills Mankind» bien podría haber estado en «The Ritual». Un tema muy heavy con pegadizo estribillo una vez más.

Poniendo la guinda final, han elegido los dos temas más elaborados compositivamente para el deleite general: «Throne of Thorns» (superando los siete minutos de duración, incluyendo una preciosa pieza acústica final) y «Last Stand for Indipendence» (presidido por un muy buen y rápido riff basado en la pentatónica). Enrevesados, llenos de cambios de ritmo y mostrando todas las cartas sobre la mesa en cuanto a lo que es el estilo TESTAMENT a la hora de abordar la composición.

Estamos, en definitiva, ante un disco cuya mayor pretensión es mostrar una colección de buenos temas, pasados por la tesitura más heavy hasta la fecha mostrada por los de California. No es ni su mejor ni su peor álbum, sino un disco que se me antoja hecho desde el corazón, rindiendo tributo a buena parte de su raíces musicales llevandolo inteligentemente a su terreno.

Por mi parte no me queda más que estar pendiente de si vendrán de gira, pues canciones como «Native Blood», «True American Hate», «Rise Up» y demás tienen que ser en directo toda una experiencia digna de disfrutar.

Tracklist:

  1. Rise Up
  2. Native Blood
  3. Dark Roots Of Earth
  4. True American Hate
  5. A Day In The Death
  6. Cold Embrace
  7. Man Kills Mankind
  8. Throne Of Thorns
  9. Last Stand For Independence
  10. Dragon Attack
  11. Animal Magnetism
  12. Powerslave
  13. Throne Of Thorns

Crítica de J. José Jiménez de RafaBasa.com

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