A nadie se le escapa que el mejor disco de este icono del rock estatal es ‘Loco por incordiar’, precisamente el primero de su larga carrera como solista tras el fin de Leño en el 1983. El tridente formado por “Agradecido”, “Loco por incordiar” y “Pan de higo” no deja lugar a la objeción.

De hecho, hay quien una vez disfrutado el gancho de su álbum del ’85, le ha costado apreciar en su justa medida obras posteriores. Yo siempre le he sacado algo de provecho a cada uno de sus discos, y no me refiero solo al caso de “Navegando” si hablamos de ‘Fuera de lugar’ (1986) o “El asa del cubo” y “Por meter entre mis cosas la nariz” con ‘… A las lombrices’ (’87).

Puntuación: 8
Crítica de Juan Destroyer de
MariscalRock.com

No siempre me decanto por lo más obvio, está claro que “Flojos de pantalón” es lo más conocido –y merecidamente- de ‘Jugar al gua’ (1989), pero ese pseudo-reggae llamado “Del pulmón” siempre fue una de mis debilidades a la hora de hablar del maestro, hijo adoptivo de Carabanchel.

 

Entrando ya en los años 90, el sonido de los discos mejoró notablemente gracias a la aportación de Eugenio Muñoz, desde entonces su productor, y como señalaba antes, con cada entrega Rosendo fue endosándole, poco a poco, goles al casillero: “Salud y buenos alimentos” y “Borrachuzos” con “Deja que les diga que no!” (1991), “Majete!” con ‘La tortuga’ (1992), “De qué vas?” y ‘Para mal o para bien’ (1994), el tema homónimo en “Listos para la reconversión” (1996)… De ‘A tientas y barrancas’ (1998), además de “Como el pico de un colchón”, lo más destacable es que se estrena la formación que ha llegado hasta nuestros días, con su fiel escudero Rafa J. Vegas al bajo y el entonces nuevo batería Mariano Montero.

Saltando ya al nuevo milenio, de ‘Canciones para normales y mero dementes’ (2001) con qué nos quedamos, ¿”La fauna” quizás? En el caso de ‘Veo, veo… mamoneo!!’ (2002) está más claro: “Masculino singular”, hasta el momento el último tema que entró en la categoría de clásico. ¿O le concedemos también ese honor a “Cada día” de ‘Lo malo es… ni darse cuenta’ (2005)? “Date por disimulao”, de ‘El endémico embustero, y el incauto pertinaz’ (2007), no es que fuera el temazo del año, pero entretenido sí que es. Y entonces parió ‘A veces cuesta llegar al estribillo’ (2010), su último trabajo de estudio, donde a mi juicio –y hurgando en la herida de los que le acusan de haber perdido bríos- lo mejor es lo más calmado: “La cera que arde” donde recupera los efluvios reggae y la descarnada balada, solo acústica y voz (¡insólito!) “Rompe la cadena”.

Tenerlo por primera vez todo junto es una gozada. Y además viene con una generosa propina: el CD y DVD de su actuación del pasado mayo en el Palau de la Música de Barcelona, un ampuloso escenario que no está a la altura de cualquiera.

Quizás la rúbrica perfecta hubiera sido un libreto donde el propio Rosen hiciera un poco de memoria acerca de cada uno de sus trabajos, pues sobre todo en el caso de sus primeras obras, la información es exigua.

Salud, señor Mercado, ¡salud!

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