¿Sabéis de estas que vas a un concierto un poco acojonado por lo que la banda ha hecho en su último disco y luego el grupo os sorprende con uno de los bolos del año? Si alguna vez te has sentido así, te podrás hacer una idea de lo que vivimos ayer en la primera de las dos noches de los Red Hot Chili Peppers en Madrid, con un Palacio de los Deportes que se vistió de gala con lleno absoluto para la presentación de ‘The Getaway’. Para abrir, La Femme.

El ambiente en los alrededores del antiguo Palacio (a ver quién es el listo que no lo sigue llamando así) no era muy diferente al de un sábado cualquiera, con los pseudoskaters hijos del ‘Californication’, de Fall Out Boy y The Offspring rondando por la zona con sus camisetas inmaculadas de Red Hot Chili Peppers. Eso sí, esta vez la vestimenta estaba justificada. Una vez dentro del recinto, el público se mostraba mucho más heterogéneo, con melenudos heavies, tipos de mediana edad e incluso padres con sus hijos; reinaba el buen rollo y las ganas de pasárselo bien, lo cual siempre aporta en un concierto como el que tenemos entre manos. También hubo tiempo de vaciles (pero de buen rollo), como los “oes” del público cada vez que el pipa de los teloneros, los franceses La Femme, ponía una toalla o una botella de agua en la posición de cada uno de sus seis integrantes: cuatro teclistas (dispuestos de cara al público a lo Kraftwerk), una guitarra que sonaba por ahí de vez en cuando y un batería que, pese a que no cambiaba nunca su expresión, llenaba de intensidad su propuesta musical. Un androide o algo.

Su propuesta parte de una base interesante: los ambientes del krautrock o del post-punk más moderno, ese que exprimieron en su debut The Killers (otro día hablamos de los derroteros actuales), sumados a una base electrónica con Suicide bien presente y rematados por los sonidos sesenteros de ese pop brillante con ascendencia francesa pasado por el filtro psy, a lo The School, Belle and Sebastian o el segundo de su compatriota Baxter Dury.  Y ya de paso si metemos el espíritu punkarra de los Plastic Betrand con su “Ça Plane Pour Moi”, ya os podéis hacer una idea a la perfección. Los chavales (entre cuyos integrantes franceses había un español por ahí metido) trataron de hacer lo que pudieron con un público que solo reaccionó con la épica de algunos de sus temas o sus ramalazos más rockeros. Interesantes pero desubicados, aunque cortes como “Tatiana” de su nuevo ‘Mystère’ o “Sur la planche 2013” y “It’s Time To Wake Up 2023” del debut ‘Psycho Tropical Berlin’ merecen una escucha en Spotify. Ya sabéis.

Cuando las luces se encendieron tras su show, por aquí nos quedamos con la boca abierta por dos razones: la primera, por comprobar cómo de la media entrada que recibieron a La Femme habíamos pasado a un casi-lleno remarcable para un martes, teniendo en cuenta que todavía quedaba media hora para el cabeza de cartel. La segunda fue que acabábamos de asistir a un bolo con un sonido de lujo para ser el Barclaycard Center. No hay excusas: es posible hacer que el recinto suene bien. La prueba la tuvimos ayer.

Comenzaron puntualísimos Red Hot Chili Peppers con un juego de luces es-pec-ta-cu-lar. Desde el escenario (en un fondo) hasta la mitad de la pista se encontraban cientos de bombillas que a modo de lámparas subían y bajaban para crear ambientes o formas. Si a esto le añades cuatro pantallas gigantes que se mueven según requiera la ocasión e imágenes en directo tomadas en altísima resolución, te sale un espectáculo redondo. Solo faltaba que la música estuviera a la altura… y lo estuvo.

Antes mencionaba a la muchachada como el público, pero la verdadera manifestación de vitalidad juvenil la vimos sobre las tablas. Tanto las improvisaciones que servían como interludio con un Chad Smith y unos Flea pletóricos (junto a un Josh Klinghoffer que tan pronto te hacía el solo de su vida como que se tiraba media hora metiendo efectos noise innecesarios a los temas), como los diferentes bailes que se marcaba el bajista junto a Kiedis (por aquí contamos el pino, la grulla, el cuidado-que-quema-el-suelo, la paloma y el robot), señalaban un hecho innegable: estos tíos disfrutan con lo que hacen. Lo sienten, lo viven; cuando tocan alguno de los clásicos, no lo hacen con desidia, sino que siguen haciendo headbanging y dejándose llevar como hace veinte años. ¿Y los que cayeron de ‘The Getaway’? Mejoraron una barbaridad. Y es que, por muy buen productor que sea Danger Mouse, desde luego no se caracteriza por dejar soltar la vena más cañera de los grupos que toca (para muestra, dadle una escucha al ‘Turn Blue’ de The Black Keys o al ‘Songs of Innocence’ de U2).Can’t Stop” abrió la noche imparable, introduciendo un soliloquio de Flea dando gracias por Picasso y por Goya en un perfecto chapurreado español. Por lo menos lo intentó. “Dani California” continúo la descarga, con unas proyecciones curradas y un Klinghoffer dando razones para echar de menos a Frusciante, aunque posteriormente compensase la balanza. “Scar Tissue” y su pseudo-riff a lo “Romeo and Juliet” de Dire Straits (aquí no engañan a nadie) dejó entrever la tendencia de la noche: Flea haciendo todo tipo de virguerías con el bajo, aunque a veces se le fuera algún tiempo que otro, Will Ferrel Chad Smith dominando desde la batería, Kiedis dándolo todo y un irregular guitarrista que aportó, todo hay que decirlo, unos buenos coros a lo largo del bolo.

Para sorpresa de todos, las guitarras siguieron presentes cuando cayó “Dark Necessities”, con el apoyo de un teclista y un percusionista que pudieron elevar la épica del cuarteto. Y es que lo que se ganó en fuerza, se perdió en los interludios beatlelianos. No puede llover a gusto de todos. Los saltos de Flea le condujeron a otro discurso enalteciendo las calles de Madrid para anticipar “If You Have To Ask”, la cual desprendía funk por los cuatro costados. ¡Bendito ‘Blood Sugar Sex Magik’! Tras este tema, llego un momento imperdible. Atentos a la conversación que mantuvieron en Español Flea y Kiedis:

Kiedis: “Señor Miguel”

Flea: “Señor Antonio”

Kiedis: ” Es tiempo para una canción muy tranquilo”.

Flea: “Para los niños y gente con muchos años. Muy serenidad, muy tranquilo, muy dormir”.

Y no, no vino “Snow (Hey Oh)”,  una de las grandes ausentes de la noche, sino una “Right On Time” que se nos hizo igual de corta que cuando la escuchamos en el ‘Californication’. Entre más improvisaciones el show avanzó con “The Getaway”, anticipando el desnudo frontal de Flea ovaciones incluidas, “Ethiopia” con el lucimiento de Klinghoffer (¡por fin!), el karaoke colectivo de “Californication” , “Go Robot”, con un Smith tirando baquetas al público sin perder el ritmo del tema y una “Suck My Kiss” que sonó contundente a más no poder.

“Sick Love” nos aburrió, aunque abrió una emotiva “Soul To Squeeze”. Eso sí, a su término el cuerpo ya nos pedía de nuevo marcha y esta llegó con la increíble “By The Way”, generando el éxtasis colectivo con unos Red Hot Chili Peppers en estado puro: el cuarteto dándolo todo, unas estrofas destructivas con esa secuenciación electrónica tan imprescindible y ese mítico estribillo conducido por la voz de Kiedis, que cambia de registro vocal como quien pestañea.

Tras el falso adiós y entre gritos conducidos al son de “Seven Nation Army”, los californianos vuelven para, tras otra jam, dejarnos con “Goodbye Angels”, llena de rabia eléctrica. El final llegó con la gran “Give It Away”, en las que las bombillicas de las que os hablaba al principio se desplazaron para formar, si se veía de frente, el símbolo de Red Hot Chili Peppers.

Pelos de punta, la gente tratando de recobrarse y ovación cerrada. Y que luego digan que ya no quedan bandas de rock de estadios…

Crónica de Sergio Julián Gómez de MariskalRock.com

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