Los veteranos deathmetaleros suecos Hypocrisy están de vuelta tras varios años de silencio discográfico. Liderados por el genial Peter Tägtgren, su ya amplia discografía siempre ha ofrecido discos sólidos con muy pocos altibajos, y éste End of Disclosure, el duodécimo de su carrera no iba a ser menos. Otro trabajo a la altura de su dilatada carrera.

Crítica de Pablo Garcia de El Lado Oscuro de la Luna

Ya afincados en su particular entender del Death Metal melódico, la nueva obra del trio navega por las mismas aguas que sus últimos discos, aunque la escucha completa no alcance la misma satisfacción que sus dos últimos y grandes trabajos, Virus (2005) y A Taste of Extreme Divinity (2009). Aun así, el sello Hypocrisy garantiza como poco una buena ración de Death Metal Melódico sin compromisos con las nuevas tendencias. Desde el inicio, con el potente tema título, sabemos que no van a decepcionar. End of Disclosure es un medio tempo característico ya de los suecos, con apoyo del sintetizador para crear un ambiente épico, tan marciano como acostumbran, o más. La combinación de voces rasgadas y profundas, riffs sencillos que acrecientan la atmósfera y un estribillo grandilocuente les funciona como a pocos, muy del estilo de The Arrival (2004). Los parajes melódicos más guitarreros son, sin duda, de lo mejor del disco. El segundo corte se destapa como uno de mis favoritos, devolviéndonos a senderos más duros, Tales of thy Spineless retoma la velocidad de su anterior trabajo, lo mezcla con unas gotas de Death sueco más clásico y nos machaca con su batería impía, a base de blast beats que se entremezclan con partes más lentas, dominadas por los fraseos, el bajo sólido como una tubería, así como unas líneas vocales brutales, desde los agudísimos rasgados al registro más clásico de Peter, una de las gargantas más dotadas de la escena extrema. Fenomenal.

Retomamos un poco los senderos más melódicos con The Eye. Se apoya en riffs de exquisita factura sueca, melódicos, con un trasfondo épico muy logrado y una atmósfera que hasta se beneficia de la pegada de la batería. Las voces de nuevo nos regalan un trabajo soberbio, se doblan, los coros aportan mucho empaque, tan pronto tan rajadas que hieren como guturales y profundas. Una canción que seguro mejorará en directo es United We Fall. De nuevo la intro se apoya en la atmósfera, antes de ofrecernos un fantástico riff que recuerda a los Hypocrisy noventeros. Batería a todo trapo, bajo pegado y una violencia sónica en su línea. Más Death y menos melódica, pero aun así muy pegadiza, de estas que no sabes si cantar en primera fila o meterte en el mosh. 44 Double Zero empieza con una parte hablada, antes de la avalancha de riffs, ultramelódicos, así como partes donde la base rítmica y la voz les comen terreno. Medio tempo típico que no destaca sobre el conjunto, pese a la calidad de algunos gritos y riffs. La arrastrada Hell Is Where I Stay nos pone en bandeja un tema bastante oscuro, con riffs bastante pesados y lentos y poco espacio para respirar. Un tema que te atrapa en su asfixia personal y que se distingue claramente del conjunto.

Soldier of Fortune (no, no tiene nada que ver con la de Deep Purple) es otro de los puntos fuertes del plástico. La base rítmica es aplastante, con ese bajo tan pesado marcando el ritmo, la guitarra, sin perder majestuosidad ni melodía, suena lenta pero implacable, y las voces solo contribuyen a añadir mayor garra a la composición. Tema de nuevo bastante lento, pero con mucho dinamismo. When Death Calls no baja el listón, pero aprieta el acelerador. Quitando el estribillo, más pausado y con acentos de sintetizador, recupera los tempos afines a los cánones de Death noventero de Hypocrisy: marcados cambios de ritmo mezclados con riffs oscuros y penetrantes, claro, con un plus de melodía. Cerramos con la pieza más extensa de todo el disco, The Return, sobrepasando los 6 minutos. De nuevo volvemos a las partes pausadas y atmosféricas, ejecutadas con la sapiencia de siempre, pero no es un tema que destaque, con lo que dura se podría haber aprovechado mejor. Destacaría, de nuevo, el intachable trabajo vocal.

Un trabajo nuevo de Hypocrisy siempre es motivo de disfrute. Repasan un poco épocas pasadas y las baten de manera que no suena a refrito, pero tampoco destaca en su ya más que amplio catálogo. Buena placa que esperamos poder presenciar en directo.

Crítica de Pablo Garcia de El Lado Oscuro de la Luna

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