Cuando uno se sienta a hablar sobre una banda como MÄGO DE OZ hay una cosa que debe de quedar bien clara desde un principio: Los madrileños han atravesado las fronteras de la música hace mucho tiempo, se han instalado en una posición donde ya no importa lo que unos piensen o lo que los guetos del heavy nacional les digan por aprovechar el tirón mediático de sus violines, sus gaitas o sus letras edulcoradas y sentimentales…

 

Puntuación: 7,7
Crítica de MetalCry.com

 

Si una cosa ha demostrado MÄGO DE OZ a lo largo de los años, ya sea con las idas y venidas de su líder y compositor Txus Di Fellatio, muchas veces tan desafortunadas como no exentas de razón en otros casos, es que ellos son MÄGO DE OZ y han construido su pequeño imperio a partir de la nada, desde el pequeño barrio madrileño de Begoña hasta conquistar los corazones de miles y miles de fans, ya sea aquí en España como allá por todos los rincones de su querida Latinoamérica…

Es en este punto, en el del gran éxito internacional de los madrileños, donde se sitúa ésta trilogía que ahora llega a su fin. El ambicioso proyecto de “Gaia” pone su punto final con este doble álbum, “Atlantia – Gaia III”, y termina una historia compleja y llena de muchos matices, ya no solo de ese mensaje universal que reza cada uno de los temas de MÄGO DE OZ en los últimos tiempos, que no es otro que el del amor por la vida y la conservación de la naturaleza, sino de multitud de elementos históricos, relatos de ocultismo y religión y, finalmente, un mensaje ciertamente esperanzador pero no por ello menos preocupante… “Gaia”, en sus tres entregas, nos ha traído en todo momento todo lo que es MÄGO DE OZ, sus grandes virtudes y sus grandes defectos, pero en todo momento rodeado de toda una gran parafernalia (en el mejor sentido de la palabra), que hace que nos encontremos ante un trabajo que genera mucha expectativa, todo y cuando la decepción fue absoluta en aquel trabajo intermedio titulado “La Ciudad de los Árboles”, probablemente el error más grandes en la carrera de los madrileños y un disco que no colmó para nada las ganas de aquellos que estaban saboreando aquella “Cantata del Diablo” con la que finalizaba “Gaia II”.

“Atlantia – Gaia III”, nos devuelve a los MÄGO DE OZ en formato de doble disco, digipack de lujo, un libreto extenso a más no poder y plagado de una historia detallada al máximo por su creador, rodeando y arropando cada uno de los temas del disco, explicando y poniendo la puntilla necesaria para que ningún cabo quede suelto en nuestro recorrer de la aventura y el ansiado final de la historia, que, como os podéis suponer, no seré yo quien lo revele aquí. Solo diré que es tan fantástico como podríamos esperar y a la vez tiene tanto sentido como el valor ecológico que pretende transmitir.

En lo que respecta a la música pasamos a hablar de una historia conceptual musicada que se desarrolla a lo largo de más de 90 minutos de reproducción por lo que, tal y como os podéis imaginar, y si tenéis bien presente la carrera de los madrileños en la mente, lo que nos encontramos en “Gaia III” es un nuevo ejercicio de eclecticismo e investigación por este inquieto combo que, aun no siempre acertando (como veremos más adelante) en la mayoría de las ocasiones sale airoso de sus nuevas incursiones en el plano compositivo, sobre todo si tenemos como referencia lo que la mayoría de sus fans van a buscar dentro de este “Gaia III”.

En líneas generales este nuevo trabajo se caracteriza por un sonido más oscuro del habitual, pero alejado de lo barroco y lo gótico que nos encontrábamos en “Gaia II”, sino experimentando con sonidos dentro de variados samplers electrónicos que pueblan muchos de los temas del álbum… Una especie de deshumanización de muchas de las partes del álbum que, aunque su objetivo sea el de transmitir la desolación del ser humano ante su inminente desaparición, en algunas ocasiones deja bastante que desear y le resta mucha profundidad a un álbum que aún así, en su resultado global, es completo y bastante satisfactorio dentro de las tesituras típicas de la banda.

Gaia, el espíritu vivo de la tierra, nos transmite con mensajes que entendemos claramente, su sufrimiento y pena por el devenir de la humanidad… Una conseguida intro, con varios retazos de radio y un contundente speech por parte del periodista-humorista Daniel Mateo nos meten de lleno en el final de una historia que comienza a fraguarse en el épico “Dies Irae”. Un trabajo típico de los inicios de todos los discos de MÄGO DE OZ y que hace clara referencia a aquel “Gaia” que lo comenzaba todo en 2003. Inicio pausado, sentido, que da paso a un tema largo y orquestado, con el típico sonido del ya clásico folk metal particular de los de Madrid, grandes coros y un estribillo fácil de seguir y de cantar, a pesar de que hay algo en este tema que no cuaja del todo, algo que se tambalea desde su irregular trabajo a las guitarras (es probable que vayamos a notar más de lo deseado la ausencia de Jorge Salán) a la errónea ecualización de las voces en el mismo estribillo.

Pero tal y como decía anteriormente, la gran virtud de MÄGO DE OZ es su falta de complejos y su atrevimiento incluso con aquello con lo que a primera vista ni deberían atreverse… Las fronteras de todo lo que podíamos haber visto se rompen una vez más en el intento de apropiarse de las hechuras de RAMMSTEIN en “Fur Immer” y construir un tema contundente, típico del sonido industrializado de los alemanes, con gruesas guitarras y un estribillo en alemán de nuevo tan pegadizo como extraño en nuestra primera escucha. Curioso corte que, a pesar de no entrar ni con calzador al principio de nuestro viaje, va ganándose un misterioso puesto aventajado cuando hemos escuchado el disco varias veces.

Seguimos traspasando fronteras y en esta ocasión nos traemos a la fiesta a Kutxi Romero, quien le da su toque de intensidad a la polka rock que tenemos en “Vodka n’ Roll”. Un tema de un desarrollo muy simple pero efectista, sobre todo gracias a una inteligente letra que sabe dónde llega y empapa nuestro oído la rugosa voz del vocalista de MAREA.

Un gran bajón compositivo nos encontramos en “El príncipe de la Dulce Pena (parte V)”, del que solo destacamos la profundidad y tristeza que aporta Carlos Escobedo a la voz en su participación, así como la dulzura con la que Patricia Tapia nos susurra siempre al oído, enorme como cada vez que aparece dando color a los temas de la banda.

En la recta final del primer disco nos encontramos con una de las joyas del álbum, uno de esos temas que, probablemente, no destacarán en una primera escucha, pero que nos traen a unos MÄGO DE OZ muy primigenios, mamando rock and roll de los setenta, dotando a “Mi hogar eres tu” de un sonido hammond de teclado muy especial y construyendo una canción de puro heavy rock como nos tenían acostumbrados en aquellos variopintos inicios. Lleno de sentimiento, con un desarrollo genial a las guitarras, y con respeto de “Atlantia”, el mejor tema de todo “Gaia III”. Todo y cuando Jose con los años va perdiendo pequeñas pinceladas y matices de su peculiar registro vocal.

Completo trabajo instrumental en “Fuerza y Honor” y de nuevo bajón compositivo para un corte más oscuro como “El violín del Diablo”, del que solo recordaremos de nuevo la genial voz rasgada de Patricia, una auténtica joya del rock patrio, y la conseguida y barroca sección instrumental que puebla la mitad del tema.

Pero el primer disco acaba con una acertadísima balada, “Siempre (Adiós Dulcinea parte II)”, caracterizada por un tranquilo piano sobre el que Jose, sin estar como en sus mejores tiempos, sigue manteniendo esa capacidad de empatizar con los latidos de quien le escucha gracias a una letra diseñada para hacer volar los sentimientos y los recuerdos pasados…

El segundo disco comienza manteniendo la línea oscura con la que habíamos finalizado el primero, con un “Mis Demonios” que vuelve a pecar de exceso de arreglos electrónicos que diluyen la cercanía y la profundidad del tema, dando una sensación, quizás buscada, que no llega a ser del todo satisfactoria, quedándose en gris y poco destacable.

Con el single “Que el viento sople a tu favor” recuperamos la alegría y la ya típica melodía festiva de MÄGO DE OZ, mientras que la melancolía se viste de lunares y nos lleva de lleno a plena Feria de Abril en la descarada cadencia flamenca de “Sueños Dormidos”, formada por un buen dueto entre Jose y Patricia Tapia.

Pasaje ligero y quizás en exceso relajado el que vivimos en todo el desarrollo del segundo disco, algo a lo que no favorece la tranquila “Aún amanece gratis” pero que comienza a corregir la simpatiquísima “La soga del muerto (Ayahuasca)”. Uno de esos temas que jamás serán representativos de la banda, pero que son indicativos de la actitud de la misma ante la vida y la música… Ante todo diversión, alegría y una buena dosis de locura en vena es todo lo que nos trae a la mente este peculiar extracto de manicomio y circo.

Y tras el relax llega la intensidad y el desenlace final… “La ira de Gaia”, con su cadencia apocalíptica abre la senda hacia la grandiosidad de los 20 minutos de “Atlantia”, obra magna que cuenta con la participación de Tete (Saratoga) (muchísima garra), Leo Jiménez (impecable registro, como siempre), Silver (grandiosa voz, dotando al tema del acero que requiere), Natalia y Toni Menguiano en las diversas partes de la misma, grandes coros y un desarrollo de nuevo emocionante, tal y como consiguieran con “La Cantata del Diablo”, añadiendo además la socarrona voz de Frank y, como conclusión final, tras el regreso al inicio en “Gaia I”, un párrafo relatado por el propio Txus Di Fellatio, quien, en esta ocasión, da en el clavo al dotar de su mensaje del contrapunto triste e irónico que necesita la conclusión final de la historia.

Repasado de principio a fin, “Atlantia – Gaia III” es un digno final a la saga. Se pueden realizar multitud de valoraciones. Se podría incluso decir que el desarrollo lírico de este nuevo capítulo de la trilogía es algo más pobre que sus anteriores entregas, e incluso que los altos y bajos del disco no lo hacen, musicalmente, un trabajo que destacará dentro de la amplia discografía del colorista combo madrileño… Pero “Gaia III” tiene también muchos elementos que conseguirán emocionar a los fans más acérrimos de la banda, tiene una conclusión digna de lo que esperábamos de la edulcorada imaginación de esta panda de juglares del siglo XXI y, en definitiva, tiene ese toque que se convierte en la virtud más palpable del grupo desde que comenzaran su carrera a mediados de los años 90… Saben dónde están las teclas que tienen que tocar para ser diferentes, para facturar trabajos que, más allá de la calidad o el virtuosismo al que nunca han pretendido aspirar, nos digan que estamos ante un grupo que ha conseguido algo que no muchos logran. Ser amados y odiados al tiempo. “Gaia III” tiene de nuevo todos esos elementos que afianzarán tales sentimientos, con la peculiaridad de que, tanto para unos como para otros, el nombre de MÄGO DE OZ es inconfundible e inimitable.

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